Sueño I
Sentados en ronda
frente a la estufa de leña
sin fuego
asistíamos al nacimiento
de millones de picaflores
o algo parecido
diminutos pájaros
moviéndose y cantando
un canto diminuto
casi inaudible
pero los escuchábamos
eran color ceniza
eran incontables
eran increíbles
me recostaba sobre mi hermano muerto
tenía la nuca pelada
le faltaba pelo
alguien nos miraba
desde una silla
al costado
lo ignorábamos
solo presenciábamos
el nacimiento
¿cómo era la musiquita del juguete a cuerdas que colgaba de la cuna?
no puedo acordarme
a veces sonaba sin que le diéramos cuerda.
miércoles, 25 de julio de 2007
Me encontré una lata de Café La Morenita de sabor tropical! Tiene tapa rosa y una guarda de flores muy simples, de pétalos blancos con puntos salmón y celeste intercalados. Pero dice ARVEJAS. ¿Qué guardaré en esa lata?. Pensé en los hilos encerados con los que coso cuadernos o sacos de té o cualquier cosa. Cualquier cosa cabe en una lata un poco oxidada.
Es ese momento de salir y sentarme en la silla de caño negra con almohadón amarillo y ver la sombra dentada de la planta recortando el lateral del balcón, las puntas filosas calando el revoque. Las puntas adentrándose en la áspera textura del cemento, fugaz pero con impronta, presencia duradera. Como si siempre fuera a permanecer allí, altiva pero arqueada, la sombra perenne y crepuscular, proyectándose desde todos los tiempos. Atenta a la fugacidad, al vestigio insomne, al instante difuso, al sonido del vino derramándose en la copa.
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